La industrialización, la higiene, los antibióticos y las vacunas han disparado la población mundial en tan solo 200 años. Si en 1800 la población rondaba los 1.000 millones de personas, en la actualidad la cifra está en los 7.700 millones, de los cuales el 60% se encuentra en Asia.

 Hoy en día la población sigue creciendo –linealmente, no exponencialmente, como se suele decir–, pero lo hace más despacio. La tasa de crecimiento llegó al 2,1% en 1962 y desde entonces ha caído hasta un 1,05%. A pesar de todo, este crecimiento bastará para que la población mundial alcance un tamaño de 9.700 millones de personas en 2050 y de 10.900 millones en 2100, según « Ourworldindata.org». (Aquí puedes ver la evolución de la población mundial en los últimos 12.000 años).

Durante los últimos dos siglos se han perfeccionado las técnicas agrícolas, se ha mecanizado la agricultura y se ha adoptado el uso de fertilizantes, herbicidas y variedades más productivas. La ganadería se ha extendido y ha adoptado un modelo intensivo para maximizar la producción. Pero, ¿cuánto se pueden estirar los recursos naturales para seguir alimentando bocas? ¿Qué coste tendrá esto para las generaciones futuras? Un estudio que se ha publicado esta semana en la revista « Nature Sustainability» ha concluido que el sistema global actual de producción de comida solo puede alimentar a 3.400 millones de personas sin traspasar los límites del planeta: es decir, solo se puede conseguir comida para menos de la mitad de la población mundial de forma sostenible, sin poner en peligro la alimentación y la supervivencia de las generaciones futuras. Sin embargo, según aseguran los autores de este estudio, reorganizar la producción y hacer algunos cambios en la dieta permitiría alimentar a 10.000 millones de personas de forma sostenible.

«No deberíamos avanzar más en la dirección de producir comida a costa del medio ambiente», ha dicho en « New Scientist» Dieter Gerten, investigador en el Instituto Postdam de Investigación para el Impacto del Clima, en Alemania, y autor principal del estudio.

Los límites del planeta
Los ecosistemas de la Tierra, de los que el hombre extrae comida, se mantienen gracias a nueve pilares fundamentales, que fueron definidos en 2009 por los científicos Johan Rockström y Will Steffen y colegas. Todos ellos teorizaron que existen nueve límites o fronteras planetarias, basados en procesos fundamentales, que garantizan la estabilidad de la Tierra y que, por ello, no deben ser superados.

Gracias a una sofisticada simulación, el estudio de Dieter Gerten ha demostrado cuáles de estos límites están siendo superados por la actividad agrícola y dónde está ocurriendo.

Según ha concluido este trabajo, la agricultura es capaz de reducir la biodiversidad (lo que conlleva la caída de las poblaciones y la desaparición de especies), desequilibra el ciclo del nitrógeno (esto causa problemas como el colapso del Mar Menor, en Murcia), puede provocar un consumo excesivo de agua (secando ecosistemas de agua dulce, como los de las Tablas de Daimiel) y puede llevar a una deforestación excesiva.

Cambios para alimentar a todo el mundo
«Cuando nos fijamos en el estado del planeta Tierra (...) encontramos muchas razones para preocuparnos, pero también muchas para tener esperanza», ha dicho Gerten. «Usamos demasiado suelo para cultivos y ganado, fertilizamos demasiado y regamos en exceso. (...). Necesitamos replantearnos colecivamente cómo producimos comida. Lo más emocionante es que nuestra investigación muestra que estas transformaciones harían posible que obtengamos alimentos suficientes para 10.000 millones de personas».

Según las conclusiones de la investigación, la mitad de la producción mundial de comida viola estos límites. Sin embargo, haciendo cambios geográficos se puede conseguir que la agricultura alimente de forma sostenible a esos 10.000 millones.

Por ejemplo, esto implicaría reducir el uso de fertilizantes en Europa central y China oriental, pero expandirlo en el área subsahariana y en el oeste de Estados Unidos.

Además, han propuesto abandonar cultivos situados en regiones donde el 5% de las especies están amenazadas y reforestar campos donde se ha cortado más del 85% del bosque tropical. También sería necesario reducir el consumo de agua y el uso de nitrógeno donde son excesivos y ampliarlos donde todavía hay margen.

Comer menos carne es más sostenible y sano
Aparte de eso, creen que la alimentación podría ser sostenible con cambios más profundos. Bastaría con emplear nuevas formas de agricultura, con reducir el desperdicio de alimentos, puesto que actualmente se tira alrededor del 30% de la que se produce, y con cambiar la dieta: por ejemplo, en China, donde está aumentando el consumo de carne, convendría recurrir más a legumbres y verduras como fuente de proteínas.

«Este tipo de cambios pueden parecer difíciles de tragar, al principio», ha dicho en un comunicado Vera Heck, coautora del trabajo. «Pero a largo plazo, los cambios enfocados a una alimentación más sostenible no solo beneficiarán el planeta, sino además a la salud de las personas».

El reto del cambio climático
Los autores han señalado que cambiar el modelo de producción de alimentos hará que los ecosistemas sean más resistentes ante el cambio climático. Sin embargo, en algunas zonas, como Oriente Medio o Indonesia, estos cambios no serán suficientes para estabilizar estos sistemas y será necesario enviar recursos desde otras zonas para alimentar a la población.

Gerten ha señalado que el estudio da por sentado que la temperatura del planeta no subirá más de 1,5ºC a finales de 2100, a pesar de que las previsiones son en general más pesimistas. Por ello, ahora tratará de prever cómo afectarán cambios todavía más profundos a la producción de comida en todo el planeta.

Información: ABC